La política nunca volverá a ser igual en el Reino Unido

Por Paul Thompson, Director de Reino Unido en Public Affairs Experts



Gobiernos, empresas y sociedad se enfrentan a dos enormes desafíos. En primer lugar, cómo recuperarse de los efectos inmediatos de la COVID-19 y el riesgo continuo de futuras olas de infección. En segundo lugar, cómo renovar las economías nacionales y locales a largo plazo. En un mundo global, los responsables políticos tendrán que encontrar el equilibrio entre la aplicación de las políticas de recuperación que su electorado reclama, mientras colaboran con socios internacionales que pueden tener diferentes intereses y preocupaciones.


Desde la perspectiva del Reino Unido, el país pronto entrará en un nuevo e inexplorado viaje al margen de la Unión Europea y ya ha comenzado a concertar nuevos acuerdos de libre comercio con terceros países. Para muchas empresas y organizaciones del país que necesitan comerciar o establecerse en los mercados europeos o mundiales, es fundamental comprender el impacto de la política en los estados miembro de la UE, Oriente Medio, norte de África y América Latina. La manera en la que actúen ahora y en el futuro próximo tendrá importantes consecuencias para su reputación y su futuro comercial.


A diferencia de la crisis financiera de 2008, se espera que las secuelas de la pandemia sean más complicadas y el daño sea más profundo, tanto en la oferta como en la demanda, y con afectación sobre múltiples sectores. Una vez que la crisis de salud pública esté realmente bajo control, las organizaciones se enfrentarán a graves trastornos económicos, políticos y sociales. El papel del gobierno nacional, regional y local es crucial para lidiar con esta situación. Sus medidas de estímulo económico serán fundamentales, pero cabe la posibilidad de que la gobernanza institucional de cada país no actúe junta o al unísono. 


Es probable que la magnitud del daño económico implique la introducción de medidas duras e impopulares para asegurar que las sociedades se recuperen y se renueven, lo que provocará mucha tensión y la necesidad de adoptar decisiones muy difíciles. El equilibrio entre las medidas impopulares introducidas y los puntos de vista de las diferentes comunidades afectará gravemente a la narrativa política y a las políticas de empresas y organizaciones.


En resumen, las organizaciones podrían enfrentarse a un escenario complejo a nivel político e institucional impulsado por unos recursos económicos muy limitados y por una multitud de stakeholders velando por sus propios intereses. Sólo habrá tres respuestas posibles por parte de los actores clave, ya sean económicos, empresariales o de otros ámbitos: en primer lugar, actuar estratégicamente para preservar sus intereses; en segundo lugar, mitigar los riesgos de las medidas que se introduzcan y que puedan repercutir en ellos; y, en tercer lugar, forjar nuevas y más fuertes relaciones con los decisores para ayudarles a enfrentarse a los desafíos que se presentan, mediante ideas innovadoras.



Public Affairs Experts - 24 de noviembre de 2020

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