La industria farmacéutica ante la pandemia: nuevos desafíos para un sector vital



Cumplido un año del primer supuesto contagio por COVID-19, se reabre el debate sobre el Estado del Bienestar y el modelo sanitario español y comunitario


La Comisión Europea aprueba un conjunto de proyectos legislativos sin precedentes para avanzar hacia la Unión Sanitaria y la Estrategia Farmacéutica común


La industria farmacéutica afronta un momento estratégico con nuevos retos regulatorios, que deberán gestionar con la mayor especialización y profesionalización 



Esta semana se ha cumplido un año del primer contagio por COVID-19: aunque todavía no se sabe con exactitud quién fue la primera persona en contraer el coronavirus, algunos expertos apuntan que fue un hombre de 55 años que se contagió el 17 de noviembre de 2019 en Wuhan. Una fecha que ha marcado una nueva era y ha provocado un impacto a todos los niveles: económico, político y social.


En este último ámbito, además del profundo cambio en la forma de socializarnos, el actual momento de excepcionalidad ha traído consigo un debate sobre el estado del bienestar y el modelo sanitario, a las puertas del inicio de una nueva década. En España, han resurgido los argumentos en contra de los recortes en el Sistema Nacional de Salud (SNS), que se aplicaron con fuerza tras la última crisis financiera de 2008, provocando una carencia de recursos humanos y materiales que, sin duda, ha afectado el rumbo y evolución de la pandemia en nuestro país.


Unión Sanitaria Europea, decisión histórica

Todo ello tendrá consecuencias directas en el rediseño de las próximas regulaciones y partidas presupuestarias vinculadas al sector y a la industria farmacéutica. De hecho, hemos asistido ya un hecho sin precedentes: la aprobación, el pasado 11 de noviembre, de un conjunto de proyectos legislativos por parte de la Comisión Europea, que sientan las bases para una “Unión Sanitaria”. Es decir, para la integración de las políticas en materia de salud que, actualmente están hiperfragmentadas a nivel nacional y regional. 


Una propuesta a la que los países miembros no se han negado por el momento, a pesar de suponer una intervención comunitaria en las competencias sanitarias de los gobiernos locales, casi por primera vez en la historia.


Esta decisión se complementa con el lanzamiento de una nueva Estrategia Farmacéutica Europea, el pasado 25 de noviembre. Los objetivos: evitar que vuelva a haber escasez de medicamentos, como han denunciado los hospitales europeos durante esta pandemia; procurar la producción de nuevos fármacos; y dar apoyo a una industria competitiva y de interés estratégico para la UE.


Hacia una mayor transparencia, sin frenar la I+D+i

En el lado de la industria, las compañías farmacéuticas están en plena carrera para la búsqueda de tratamientos que permitan frenar la propagación de la COVID-19. Por el momento, en un sector tan fuertemente regulado como el farmacéutico, esta carrera ha suscitado ya las primeras dudas entre la población sobre la seguridad y eficacia de unas vacunas que no solo se han desarrollado y ensayado en tiempo récord, sino que van a autorizarse con carácter de emergencia debido a la pandemia. 


En este sentido, la Agencia Europea del Medicamento (EMA, en sus siglas en inglés) ha iniciado un proceso acelerado de revisión de las primeras vacunas contra la COVID-19, que concluiría el 29 de diciembre para el fármaco de Pfizer- BioNtech, y el 12 de enero para Moderna. Esto daría luz verde a la inmunización masiva en Europa, que se iniciaría a principios de 2021.  


Una vez conseguido este objetivo global, la fabricación a gran escala y el reparto al conjunto de la población mundial vendrá acompañado de nuevos retos asociados. La comercialización de la vacuna puede inducir a que se reabran estratégicamente, por parte de ciertos actores, debates como el relativo al modelo de patentes sanitarias, el precio de venta al público de los medicamentos de vital necesidad o su cobertura o no por parte de los sistemas nacionales de salud. 


De hecho, la Estrategia Farmacéutica Europea pone el acento en el coste de los medicamentos y la falta de transparencia en los gastos derivados de su investigación y desarrollo. Una preocupación en la misma línea que la del gobierno español, que se fijó como prioridad eliminar los copagos introducidos en 2012 y garantizar la transparencia en la fijación de precios de la industria, tal y como queda recogido en el Plan de Gobernabilidad aprobado entre PSOE y Unidas Podemos en el acuerdo de coalición.


Todo ello, sin frenar la necesaria inversión en I+D+i y el desarrollo tecnológico del sector.


Nuevos hábitos, nueva regulación

Por otro lado, la prudencia y el miedo causados por la pandemia marcarán el cambio de hábitos en los consumidores. La regulación de la atención sanitaria domiciliaria u online, la digitalización y emergencia de e-farmacias o el replanteamiento a nivel transversal del modelo de producción y dependencia de terceros mercados, son sólo un ejemplo de cuestiones que también se deberán tener en consideración y que supondrán la necesidad de nuevas regulaciones que supondrán un cambio de paradigma para el sector sanitario.


Estamos por tanto a las puertas de un momentum estratégico para la industria farmacéutica, en el que definitivamente existirán tantos desafíos como oportunidades que será clave gestionar con el mayor grado de especialización y profesionalidad, para preservar los intereses corporativos en un marco de beneficio común.



Public Affairs Experts – 3 de diciembre de 2020




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